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Manual
de instrucciones
Leer
un libro de apiterapia nunca fue fácil. ¿Por qué?
Vaya uno a saber; quizás por muy técnicos, con demasiadas
palabras raras o con mucho irse por las ramas. Bueno, éste
libro de apiterapia no va a ser la excepción. Al fin y al
cabo es buena excusa.
Cuando de material biológico se trata, siempre los resultados
son dispares. En apiterapia se ha utilizado el método científico
para establecer parámetros y no para publicar partes de resultados
de investigaciones que sólo convienen a unos pocos; quizás
por ello es que los resultados son menos dispares.Una
de las disparidades más grandes se da entre los resultados
“in vitro” e “in vivo”; lo que nos dice
que los productos de la colmena trabajan junto al organismo y no
son extraños a él. De cualquier manera, y a fin de
evitar discrepancias para el lector se ha tratado de no plantear
una polémica entre páginas, pese a lo cual, si se
lee detenidamente se podrán encontrar aparentes contradicciones
(que en realidad no lo son).
O sea que, si el lector cree que encontró un error, ya se
está equivocando: el autor le comentó previamente
que es ex profeso.
También encontrará repeticiones; y algunas de éstas
sí fueron ex profeso. Así como se comenta partes de
trabajos científicos en líneas generales; no hay nada
más genuino que repetir esto, pero de mano del autor del
trabajo. En este caso los amigos cubanos.
Es destacable que desde el principio al fin de este libro, el avance
de Cuba en la apiterapia lo marca sin lugar a dudas, casi como si
fuera un libro cubano. Desde la experiencia clínica hasta
la autoría de las investigaciones son mayoritariamente cubanas.
Ello no pasa por una cuestión de simpatías ni de política.
Pasa porque se optó por lo mejor y más serio, y ello
viene del Caribe.
Quizás, la esperanza sea que también Argentina siga
el camino de Cuba, y al menos en salud se destaque como algo más
que una boca de expendio de las multinacionales. Esto, si se logra
será de abajo hacia arriba. No esperemos que los gobiernos
nos den la mano.
Es esperable solamente si surge como propuesta individual y con
información correcta. Al mejor estilo de los apicultores,
que haciendo cada uno lo suyo –silenciosamente- sin darse
cuenta llevaron a Argentina al primer lugar como productor-exportador
de miel. Ni se pidió ni se esperó (mucho menos recibir)
algo del/os gobierno/s.
Habrá quien todavía los defienda, y a fuerza de ser
sinceros hay que reconocerles su mérito, somos uno de los
países más endeudados, con mayor índice de
corrupción, o cuartos en tráfico de especies silvestres,
por ejemplo. Pero ahí todavía no estamos primeros.
Los gobiernos deberán esforzarse más. Hasta la victoria
siempre y hasta las próximas páginas...
Dr.
Julio César Díaz
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