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La
Cera
La cera es el material con que las abejas elaboran la estructura
de los panales. En las celdillas formadas, la abeja depositará
miel, polen o sus crías.
Esta estructura es una maravilla de la naturaleza, tanto por su
perfección como su ubicación (en el fondo de cada
celdilla, harán fondo tres celdillas de la cara opuesta del
panal) y su resistencia. Esta forma y distribución es la
que da mayor solidez con menor uso de materiales.
Normalmente la cera utilizada es la llamada de “Opérculos”,
cera blanca, de reciente elaboración, que tapa las celdillas
donde la abeja deposita la miel. Se estima que la abeja necesita
consumir 7 kilogramos de miel para elaborar uno de cera. Esta es
producida por las glándulas cereras del abdomen de las abejas
jóvenes, estando su secreción en relación directa
con la temperatura ambiente. Esta producción decrece con
las temperaturas bajas.
La cera es una sustancia grasa por excelencia; de allí que
su mayor uso sea como vehículo para otras preparaciones (cremas,
pomadas) sobre todo en aplicación cosmética. También
es usada ampliamente en la industria; y no se puede dejar de lado
el uso litúrgico, donde las velas –de determinadas
ceremonias- deben ser exclusivamente de cera de abejas.
Una de las grandes propiedades de la cera es la de suavizar la piel,
de allí que sea tan usada en preparaciones dermatológicas
que la podrían reemplazar por productos más económicos
si sólo buscaran su consistencia grasa.
El contenido de vitamina A de la cera es muy elevado; mientras 100
gramos de carne contienen 60 unidades internacionales, la misma
cantidad de cera contiene 4.096 unidades internacionales. Tanto
esta propiedad como las que veremos más adelante dependen
de que la cera no haya sido calentada. La vitamina A y muchas sustancias
volátiles se pierden con el calentamiento de la misma.
El mascar miel y cera, es un excelente hábito que facilita
la secreción de saliva, favorece la actividad gástrica
e intestinal, a la vez que eleva el metabolismo. Ello ayuda a la
circulación sanguínea y ayuda a la capacidad de trabajo
muscular. Por una acción mecánica la cera limpia el
sarro de los dientes, favoreciendo la higiene y conservación
del estado de los mismos.
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