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Presentación

Seis
son los productos que nos provee la colmena. No se atiende aquí
la papilla larval, ya que no supera a la jalea. En apicultura se considera
producto a la miel y subproductos al resto.
En
Apiterapia, no hay subproductos. Algunos tienen mayor o menor uso,
algunos están más o menos difundidos.
Ellos son: Apitoxina
(o veneno de abejas),
Cera,
Jalea
Real, Miel,
Polen
y Propóleos,
en orden alfabético y con mayúsculas.
Todos ellos son conocidos por el hombre desde hace miles de años.
La historia de ello es que el hombre conocía a las abejas y
la usaba desde hace mucho. No creo conveniente abundar en una aburridísima
historia del empleo de cada producto en las viejas civilizaciones,
ya que ello no avala su uso más que lo que lo hace la investigación
científica. Por otro lado hay un sin número de tratamientos
o conocimientos antiguos para “restablecer” la salud que
hoy se sabe son ineficientes y/o risueños. Vaya como ejemplo
las sangrías o el uso de sanguijuelas, que hoy, sólo
en una emergencia muy especial pudieran ser usados y no como panacea.
O, el antiguo tratamiento de hacer patear a los locos su cabeza por
un caballo. Si bien es cierto que los supervivientes no tenían
más ganas de ser locos, no se puede considerar a este tratamiento
como efectivo.
Lo más notable de los productos de la colmena en la antigüedad,
es que explican (con la ciencia de hoy) muchos tratamientos o intervenciones
que hasta hace poco no tenían explicación; como las
trepanaciones de cráneo con posterior supervivencia de los
trepanados, descubierto en varias civilizaciones de la antigüedad.
En la colmena cada uno de los elementos mencionados tiene funciones
específicas: el veneno, que es solamente producido por las
abejas más veteranas es una defensa. La cera
es el ladrillo que conforma esa fantástica estructura que
son los panales, donde se deposita la miel,
el polen
y se cumple la función de reproducir a fin de perpetuar la
especie. Esta es producida por las abejas jóvenes. La jalea
real, el asombroso alimento que marca la diferencia
entre que una larva sea obrera o reina; también es producida
por las abejas jóvenes.
La miel,
el alimento energético al ciento por ciento, que la abeja pecoreadora
extrae en forma de néctar de las flores, e algunas partes de
las plantas o de ciertos insectos. El polen,
elemento fecundante masculino de las flores, alimento proteico por
excelencia, fundamental para el desarrollo de las crías; y
finalmente el propóleos
que la abeja lo extrae fundamentalmente de algunas plantas, aunque
puede usar también otras sustancias como los derivados del
petróleo (brea, asfalto, etc.). El propóleos cumple
funciones mecánicas, de amortiguar vibraciones, aislamiento
térmico, etc. Y de desinfección, tanto en las celdillas
donde van a nacer las crías (que son esterilizadas con propóleos)
como en todo el interior y entrada de la colmena. De allí proviene
su nombre del griego: pro (antes, delante) po (gente, ciudad). Defensa
o antes de la ciudad de las abejas.
Los tres primeros; apitoxina,
cera
y jalea,
son productos de secreción endógena de la abeja, teniendo
variaciones de acuerdo al estado de la colmena, temperatura ambiente
y alimento disponible. Los tres segundos; miel,
polen
y propóleos
son elaborados con elementos externos que la abeja modifica y enriquece.
Así, al néctar de las flores, con un 80% de agua se
lo enriquece con enzimas y varios elementos más que le dan
sus propiedades, a la vez que se lo deshidrata llevándolo hasta
un 18-20% de agua. El proceso que sigue el néctar es ingestión/regurgitación-deshidratado.
La abeja lo enriquece con su secreción salivar.
En el caso del polen,
de granos microscópicos, la abeja los va adhiriendo y compactando
con su saliva hasta hacer la clásica pelotita. Luego lo compacta
en las celdillas cubriéndolo con miel si no hay cría
para alimentar. Este es el llamado “pan de abejas”; mucho
más rico que el polen en su composición, pero más
difícil para extraer, elaborar y presentar.
El propóleos
es extraído con un laborioso proceso en forma
de resina de algunos árboles, y luego utilizado en la colmena
todo el año. En los análisis de este producto aparecen
flavonoides y varios elementos más que no se encuentran en
forma original en los vegetales.
Ello habla a las claras de que es bien válida la teoría
del doble origen: una materia prima (externa) que sufre modificaciones
y enriquecimiento por parte de las abejas (interna).
En cada uno de los correspondientes capítulos se ampliará
la información necesaria, sin sobreabundar en detalles que
no son de interés (salvo curiosidad) para los fines de esta
obra.
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