APITERAPIA HOY

 

El libro

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Presentación
Biografía de Julio César Díaz
Miel
Cera
Jalea Real
Polen
Propóleos
Apitoxina
Cómo comprar el libro
Entrevista a Julio César Díaz
Bibliografía sobre Apiterapia
La abeja y la apiterapia en Internet



 

 

Presentación

 

Seis son los productos que nos provee la colmena. No se atiende aquí la papilla larval, ya que no supera a la jalea. En apicultura se considera producto a la miel y subproductos al resto.

En Apiterapia, no hay subproductos. Algunos tienen mayor o menor uso, algunos están más o menos difundidos.
Ellos son: Apitoxina (o veneno de abejas), Cera, Jalea Real, Miel, Polen y Propóleos, en orden alfabético y con mayúsculas.
Todos ellos son conocidos por el hombre desde hace miles de años. La historia de ello es que el hombre conocía a las abejas y la usaba desde hace mucho. No creo conveniente abundar en una aburridísima historia del empleo de cada producto en las viejas civilizaciones, ya que ello no avala su uso más que lo que lo hace la investigación científica. Por otro lado hay un sin número de tratamientos o conocimientos antiguos para “restablecer” la salud que hoy se sabe son ineficientes y/o risueños. Vaya como ejemplo las sangrías o el uso de sanguijuelas, que hoy, sólo en una emergencia muy especial pudieran ser usados y no como panacea. O, el antiguo tratamiento de hacer patear a los locos su cabeza por un caballo. Si bien es cierto que los supervivientes no tenían más ganas de ser locos, no se puede considerar a este tratamiento como efectivo.
Lo más notable de los productos de la colmena en la antigüedad, es que explican (con la ciencia de hoy) muchos tratamientos o intervenciones que hasta hace poco no tenían explicación; como las trepanaciones de cráneo con posterior supervivencia de los trepanados, descubierto en varias civilizaciones de la antigüedad.
En la colmena cada uno de los elementos mencionados tiene funciones específicas: el veneno, que es solamente producido por las abejas más veteranas es una defensa. La cera es el ladrillo que conforma esa fantástica estructura que son los panales, donde se deposita la miel, el polen y se cumple la función de reproducir a fin de perpetuar la especie. Esta es producida por las abejas jóvenes. La jalea real, el asombroso alimento que marca la diferencia entre que una larva sea obrera o reina; también es producida por las abejas jóvenes.
La miel, el alimento energético al ciento por ciento, que la abeja pecoreadora extrae en forma de néctar de las flores, e algunas partes de las plantas o de ciertos insectos. El polen, elemento fecundante masculino de las flores, alimento proteico por excelencia, fundamental para el desarrollo de las crías; y finalmente el propóleos que la abeja lo extrae fundamentalmente de algunas plantas, aunque puede usar también otras sustancias como los derivados del petróleo (brea, asfalto, etc.). El propóleos cumple funciones mecánicas, de amortiguar vibraciones, aislamiento térmico, etc. Y de desinfección, tanto en las celdillas donde van a nacer las crías (que son esterilizadas con propóleos) como en todo el interior y entrada de la colmena. De allí proviene su nombre del griego: pro (antes, delante) po (gente, ciudad). Defensa o antes de la ciudad de las abejas.
Los tres primeros; apitoxina, cera y jalea, son productos de secreción endógena de la abeja, teniendo variaciones de acuerdo al estado de la colmena, temperatura ambiente y alimento disponible. Los tres segundos; miel, polen y propóleos son elaborados con elementos externos que la abeja modifica y enriquece. Así, al néctar de las flores, con un 80% de agua se lo enriquece con enzimas y varios elementos más que le dan sus propiedades, a la vez que se lo deshidrata llevándolo hasta un 18-20% de agua. El proceso que sigue el néctar es ingestión/regurgitación-deshidratado. La abeja lo enriquece con su secreción salivar.
En el caso del polen, de granos microscópicos, la abeja los va adhiriendo y compactando con su saliva hasta hacer la clásica pelotita. Luego lo compacta en las celdillas cubriéndolo con miel si no hay cría para alimentar. Este es el llamado “pan de abejas”; mucho más rico que el polen en su composición, pero más difícil para extraer, elaborar y presentar.
El propóleos es extraído con un laborioso proceso en forma de resina de algunos árboles, y luego utilizado en la colmena todo el año. En los análisis de este producto aparecen flavonoides y varios elementos más que no se encuentran en forma original en los vegetales.
Ello habla a las claras de que es bien válida la teoría del doble origen: una materia prima (externa) que sufre modificaciones y enriquecimiento por parte de las abejas (interna).
En cada uno de los correspondientes capítulos se ampliará la información necesaria, sin sobreabundar en detalles que no son de interés (salvo curiosidad) para los fines de esta obra.